Renacimiento1519
La resurrección de Lázaro
Caravaggio
El ojo del conservador
"Cristo ordena a Lázaro, cuyo cuerpo posee una musculatura heroica, salir de la tumba, rodeado por una multitud presa del estupor y la devoción."
Esta obra monumental representa la fusión definitiva del colorido veneciano y el dibujo de Miguel Ángel, concebida para superar a Rafael en una competición artística sin precedentes.
Análisis
Pintada entre 1517 y 1519, "La Resurrección de Lázaro" es el resultado de un encargo del cardenal Julio de Médicis para la catedral de Narbona. El contexto histórico es el de una rivalidad exacerbada en la corte papal de León X. Sebastiano del Piombo, protegido de Miguel Ángel, fue el encargado de realizar este panel para competir directamente con "La Transfiguración" de Rafael. Esta obra encarna, por tanto, un desafío político y estético mayor del Renacimiento: demostrar que la alianza del color veneciano y la potencia plástica romana podía destronar al genio de Urbino.
El contexto narrativo se basa en el Evangelio según Juan (11:1-44). Cristo resucita a Lázaro, hermano de Marta y María, después de cuatro días de muerto. En esta interpretación, Sebastiano subraya la dimensión física del milagro. Se ve a Lázaro liberándose de sus vendas, un hombre devuelto a la vida pero que aún porta las marcas del letargo fúnebre. El mito cristiano es tratado aquí con una intensidad dramática nueva, donde lo sagrado se manifiesta a través de una fuerza corporal casi escultórica, heredada directamente de la influencia de Buonarroti sobre Sebastiano.
Técnicamente, la obra es una proeza de gestión cromática. Sebastiano, formado en Venecia, utiliza veladuras profundas y tonalidades ricas para saturar el espacio. La figura de Cristo es de una nobleza majestuosa, mientras que las figuras femeninas de María y Marta aportan una fluidez emocional. El uso de un soporte de madera de grandes dimensiones permite una escala monumental, donde los contrastes de luz no sirven solo para el relieve, sino para la expresión de lo sobrenatural. El paisaje al fondo, de una suavidad veneciana, contrasta con la tensión muscular del primer plano.
Psicológicamente, el lienzo explora la diversidad de las reacciones humanas ante lo imposible. Sebastiano retrata una gama que va desde la fe ardiente de las hermanas de Lázaro hasta el estupor de los apóstoles y el escepticismo de los espectadores judíos. El propio Lázaro parece atravesar un estado de confusión existencial, con su mirada buscando a Cristo en un reconocimiento mudo. La obra cuestiona la frontera entre la muerte y la vida, la carne y el espíritu, creando una atmósfera de tensión suspendida que ya anuncia el Manierismo por su complejidad emocional.
Un secreto mayor de esta obra reside en la implicación directa de Miguel Ángel. Los análisis de rayos X y los dibujos preparatorios conservados confirman que Buonarroti proporcionó a Sebastiano los bocetos precisos para la figura de Lázaro y algunos apóstoles. Miguel Ángel quería así humillar a Rafael por poderes. Estudios recientes han mostrado que los "pentimenti" de Sebastiano en la figura central buscaban acentuar la torsión del cuerpo, un elemento típicamente miguelangelesco llamado "figura serpentinata", para dar más vigor a la resurrección.
Otro misterio concierne a la espectacular restauración efectuada en el siglo XIX, cuando la obra fue transferida de su panel de madera original a un lienzo para preservarla de la pudrición. Este proceso arriesgado reveló detalles de la capa pictórica hasta entonces invisibles, especialmente la finura de los detalles atmosféricos en el cielo. Los historiadores también han señalado que Sebastiano utilizó deliberadamente pigmentos más costosos, como el ultramar natural, para asegurar que su lienzo captara la luz mejor que el de Rafael, jugando con la brillantez material para vencer.
La obra contiene también referencias políticas sutiles a la familia Médicis. La elección del tema no es solo religiosa; simboliza el renacimiento y la legitimidad del linaje mediceo tras su regreso al poder. Algunos rostros entre la multitud serian retratos de personalidades de la época, haciendo de esta escena bíblica un espejo de la corte romana del siglo XVI. El diálogo silencioso entre las manos de Cristo y de Lázaro es una cita casi directa, aunque reinventada, de la Creación de Adán en el techo de la Sixtina.
Finalmente, un análisis científico reciente detectó rastros de huellas dactilares en la pintura fresca en los bordes del lienzo, sugiriendo que Sebastiano trabajaba la materia con sus manos para suavizar las transiciones de colores, una técnica veneciana llamada "sfregazzi". Esto prueba que, a pesar de la influencia masiva del dibujo romano, el alma de la obra permanece profundamente anclada en la sensorialidad de Venecia. El cuadro, hoy joya de la National Gallery de Londres, porta así las marcas físicas de su creador y de su ilustre mentor.
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