Postimpresionismo1889
El Cristo amarillo
Paul Gauguin
El ojo del conservador
"El Cristo central es una reproducción directa de un crucifijo de madera policromada del siglo XVII situado en la capilla de Trémalo, que Gauguin simplificó para integrarlo en su estética de cloisonismo."
Manifiesto del simbolismo y del sintetismo, esta obra traspone la Pasión de Cristo al campo bretón del siglo XIX. Gauguin utiliza un amarillo saturado y arbitrario para expresar una espiritualidad rústica e intemporal.
Análisis
Pintado en 1889 en Pont-Aven, El Cristo amarillo marca el apogeo de la ruptura de Gauguin con el impresionismo. El artista ya no busca capturar los reflejos de la luz, sino pintar una idea, una emoción pura. La elección del amarillo para la figura de Cristo es revolucionaria: no es un color naturalista, sino un color simbólico que representa la cosecha, el trigo maduro y, por extensión, el ciclo eterno de la vida y la muerte. Gauguin fusiona aquí la devoción religiosa católica con una forma de panteísmo pagano, donde la divinidad parece emanar directamente de la tierra bretona.
La obra presenta a tres mujeres bretonas con tocados tradicionales, arrodilladas al pie de la cruz. No parecen asistir a una ejecución histórica, sino a una visión interior nacida de su fe cotidiana. Este concepto de "visión tras el sermón", ya explorado por Gauguin el año anterior, alcanza aquí una nueva serenidad. El sufrimiento de Cristo se trata con una economía de medios que refuerza su aspecto icónico; su rostro está calmado, casi distante, evocando una forma de resignación estoica propia del campesinado de la época.
El contexto histórico es el de una Bretaña percibida por Gauguin como un refugio de primitivismo frente a una Europa industrial corrompida. Para el artista, el Cristo bretón es un Cristo "salvaje", lejos de los dorados de las catedrales urbanas. Esta pintura es un alegato por un arte que hunda sus raíces en el arte popular, las estampas de Épinal y los calvarios de granito que jalonan los caminos de Cornualles. Gauguin busca recuperar la unidad perdida entre el hombre, la naturaleza y lo sagrado a través de una forma de simplificación radical.
El análisis técnico revela el uso del cloisonismo, una técnica donde las áreas de color plano están rodeadas por contornos oscuros y marcados. Este enfoque suprime la profundidad tradicional y las sombras proyectadas, transformando el lienzo en una vidriera moderna. La perspectiva está aplastada, obligando a los diferentes planos del paisaje a coexistir en una superficie bidimensional. Es esta bidimensionalidad la que prefigura el arte abstracto y el fauvismo del siglo XX, convirtiendo a Gauguin en un precursor indispensable de la modernidad.
El secreto más fascinante reside en el origen físico del Cristo. Contrariamente a la creencia popular, Gauguin no inventó esta silueta. Copió un crucifijo de madera de la capilla de Trémalo, situada cerca de Pont-Aven. Sin embargo, Gauguin realizó un cambio sutil pero crucial: en el original, el Cristo está más demacrado y trágico. Gauguin lo "amarilleó" para que armonizara con el color de los campos de cereales en otoño, vinculando así el sacrificio divino con el ciclo agrícola.
Otro secreto concierne al hombre que salta la valla al fondo. A menudo ignorado por los observadores, este personaje representa al propio artista, huyendo de la escena o introduciéndose en ella. Esta figura introduce una ambigüedad: ¿se siente Gauguin indigno de la visión sagrada de las mujeres, o se presenta como el mensajero que tiende un puente entre el mundo moderno y la espiritualidad arcaica? Este detalle transforma la escena religiosa en una reflexión sobre el exilio interior del artista.
También existe un secreto ligado a la paleta cromática. Los análisis químicos han mostrado que Gauguin utilizó pigmentos de cromo para obtener este amarillo estridente. En la época, estos pigmentos eran criticados por su inestabilidad potencial, pero Gauguin los eligió deliberadamente por su violencia visual. Quería que el cuadro "gritara" su color para contrarrestar la grisura académica de los Salones parisinos.
Finalmente, pocos saben que El Cristo amarillo forma un díptico espiritual con su Autorretrato con Cristo amarillo pintado poco después. En este autorretrato, la imagen del Cristo aparece invertida detrás del artista, como un espejo de sus propios sufrimientos. Gauguin se identifica explícitamente con Cristo, viéndose como un mártir del arte, incomprendido y perseguido por los críticos de su tiempo. El color amarillo se convierte entonces en el estigma de su propia marginalidad.
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Más allá de su función espiritual, ¿qué modificación importante realizó Gauguin en la fuente escultórica real del Cristo de Trémalo para este lienzo?
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