Clasicismo1661
Las reinas de Persia a los pies de Alejandro
Charles Le Brun
El ojo del conservador
"Preste especial atención al juego de las manos y a la confusión de Sisigambis, la madre de Darío. Le Brun utiliza aquí por primera vez su teoría de la expresión de las pasiones."
El manifiesto fundador del clasicismo francés, que celebra el autocontrol y la clemencia soberana. Una puesta en escena teatral donde Charles Le Brun define la estética del reinado de Luis XIV.
Análisis
Este cuadro ilustra un famoso episodio de la vida de Alejandro Magno relatado por Plutarco. Tras la batalla de Issos en 333 a.C., Alejandro acude a la tienda de la familia de Darío III, el rey persa derrotado. Sisigambis, la reina madre, se confunde y se prosterna ante Hefestión, el amigo íntimo de Alejandro, por ser más alto. Alejandro calma su confusión con la célebre frase: "Él también es un Alejandro".
La obra fue un encargo directo de Luis XIV, destinada a glorificar la magnanimidad real. Al elegir este tema, Le Brun propone una alegoría del buen gobierno: el verdadero rey no es el que aplasta, sino el que perdona y domina sus propios instintos. El rostro de Alejandro, tranquilo y estoico, contrasta con la agitación dramática de las mujeres persas, creando una oposición entre la Razón europea y la emoción oriental.
El mito de Alejandro servía de espejo para el joven Luis XIV. Le Brun retrata al conquistador no como un guerrero bárbaro, sino como un héroe civilizador, un modelo de virtud antigua. Cada personaje del séquito de Alejandro encarna un matiz de la moral cortesana: el respeto, la admiración y la contención. Es una lección de política puesta en imagen, donde el orden monárquico se impone por la sola fuerza del carácter.
El artista despliega aquí un cuidado arqueológico notable para la época, aunque filtrado por la estética del siglo XVII. Las armaduras, las joyas y los trajes de las mujeres persas están destinados a evocar un Oriente fastuoso pero vencido. Esta riqueza decorativa sirve para subrayar la modestia aparente de Alejandro, que no lleva signos externos de tiranía, afirmando su superioridad por su sola presencia natural.
Finalmente, esta obra marca el nacimiento de la escuela francesa. Rompe con el barroco exuberante para imponer claridad narrativa y rigor formal. Le Brun establece un lenguaje visual que dominará Europa durante más de un siglo, convirtiendo al Louvre y Versalles en los centros neurálgicos del pensamiento artístico mundial.
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