El Gran Sismo: Cuando el Hombre atravesó el muro de oro
Imagina un mundo donde el espacio no existe. Durante 1000 años, en la Edad Media, el pintor no buscaba representar la realidad, sino el Paraíso. Por eso utilizaban fondos de oro: el oro no es un color, es una materia que anula la profundidad. En una pintura medieval, si un personaje es más grande que otro, no es porque esté más cerca, sino porque es más importante religiosamente. Es una 'perspectiva espiritual': el cielo es plano, eterno, y el espectador se queda a la puerta de la obra, como ante un espejo sagrado.

Mira a Cimabue: los ángeles están apilados como platos, sin peso alguno. El trono de la Virgen flota. No hay aire, no hay suelo, solo lo divino.
Entonces, en 1428, todo cambia. En Florencia, un joven pintor de 27 años llamado Masaccio realiza un fresco que traumatizará a sus contemporáneos: 'La Trinidad'. Por primera vez en la historia de la humanidad, se usan las matemáticas para simular un agujero en la pared. Masaccio ya no pinta sobre la superficie, pinta 'detrás' de la superficie. Al trazar líneas que convergen hacia un punto único (el punto de fuga), crea una capilla en 3D tan realista que la gente de la época creyó que la iglesia había sido ampliada.
El choque es total: por primera vez, Dios está sometido a las mismas leyes físicas que nosotros. Está en un espacio medible, geométrico, humano.

Analiza el techo: Masaccio dibuja casetones que se encogen con precisión quirúrgica. El Cristo ya no es una iconografía plana, tiene un cuerpo que pesa.
Esta revolución cambia radicalmente nuestro lugar en el universo. Mirar un cuadro se convierte en una experiencia física. Pasamos del 'Creo' (Edad Media) al 'Veo' (Renacimiento). El pintor se convierte en un arquitecto de la ilusión. En esta lección, veremos cómo se logró esta conquista a través de tres herramientas: la Perspectiva (para construir el teatro), la Anatomía (para crear a los actores) y el Sfumato (para añadir atmósfera y misterio).
La pintura es una cosa mental.
Prepárate para cambiar de mirada. Vamos a dejar las iconografías fijas para entrar en un mundo donde la luz tiene una fuente, donde los músculos tienen una función y donde el espacio pertenece finalmente a quien lo mira.