Barroco1616

La caza du tigre

Pedro Pablo Rubens

El ojo del conservador

"En un torbellino de músculos y garras, jinetes con trajes orientales y antiguos se enfrentan a tigres, leones y un leopardo. En el centro, un tigre intenta descabalgar a un jinete cuyo caballo encabritado domina la escena. A la izquierda, un león se aferra a un hombre en el suelo, mientras que a la derecha, una tigresa intenta salvar a sus cachorros."

Cumbre del Barroco flamenco, este lienzo monumental encarna la "furia" creativa de Rubens. Encargo prestigioso para el castillo de Schleissheim, escenifica un combate paroxístico entre el hombre y la bestia, donde la violencia solo es templada por la excepcional virtuosidad técnica del artista.

Análisis
El análisis profundo de *La caza del tigre* revela la obsesión de Rubens por el movimiento total y la unidad orgánica. Pintada en su periodo de madurez, la obra forma parte de una serie de cazas exóticas destinadas a demostrar su capacidad para representar la anatomía animal y humana en tensión extrema. El estilo barroco alcanza aquí su paroxismo: las curvas se tensan hasta romperse, las carnes están saturadas de sangre y luz, y cada figura parece brotar fuera del marco. Históricamente, esta obra refleja la ambición de Maximiliano I de Baviera y el gusto de la nobleza europea por las escenas de caza como símbolos de poder. Más allá del entretenimiento aristocrático, Rubens se inspira en modelos antiguos y en Leonardo da Vinci. Transforma una escena cinegética en una epopeya heroica donde los caballos, casi humanos en su terror, se convierten en protagonistas. El contexto es el de la Contrarreforma, donde el arte debía conmover y exaltar mediante lo espectacular. La técnica de Rubens se basa en una capa de preparación clara (imprimatura) que permite que la luz pase a través de las veladuras, dando a los pelajes y pieles una transparencia vibrante. Sus pinceladas son rápidas, casi esbozadas en algunos puntos para sugerir velocidad, pero de una precisión quirúrgica en las expresiones. El uso de colores primarios —el rojo de las túnicas, el azul del cielo y el amarillo de los mantos— crea una armonía tonal que estructura el caos aparente. Psicológicamente, la obra trata del conflicto entre civilización y salvajismo. Rubens no demoniza a los animales; les otorga una dignidad trágica, especialmente a través del motivo de la tigresa protegiendo a su prole. El espectador se sitúa en una posición de voyeurismo heroico, confrontado con la fragilidad de la vida. El miedo es palpable en los ojos de los caballos, creando un puente empático con lo humano. Es un estudio sobre la potencia bruta.
El Secreto
Uno de los secretos más fascinantes de este lienzo reside en el estudio de los modelos animales. Rubens nunca había visto tigres vivos; se basó en pieles de tigre traídas de las colonias, que "rellenó" utilizando la anatomía de los leones que observó en la casa de fieras de Bruselas. Esta hibridación explica por qué los tigres de Rubens tienen una musculatura que recuerda a los leones del Atlas. Análisis recientes de rayos X muestran que modificó la posición del tigre central varias veces. Otro misterio concierne a la colaboración en el taller. Aunque Rubens diseñó la composición y pintó los rostros clave, está probado que recurrió a especialistas de su entorno. Sin embargo, para este encargo, la calidad es tan homogénea que los expertos coinciden en que Rubens repasó personalmente casi cada centímetro del lienzo para asegurar la unidad dramática. Se pueden observar arrepentimientos en los cascos del caballo blanco, buscando el equilibrio dinámico perfecto. La anécdota sobre la tigresa y sus cachorros es capital: está extraída directamente de los escritos de Plinio el Viejo. Según la leyenda, para escapar de un tigre, un cazador debía lanzar esferas de vidrio para que el animal, al ver su reflejo, se detuviera pensando que había encontrado a su cachorro. Rubens ignora el truco del espejo para privilegiar el combate directo, pero conserva el motivo del cachorro arrebatado, símbolo de protección materna en el siglo XVII. Finalmente, los análisis científicos han revelado que el azul del cielo se realizó con esmalte, un pigmento a base de vidrio molido que tiende a desvanecerse con el tiempo. Originalmente, el cielo debió ser de un azul mucho más profundo, ofreciendo un contraste aún más violento con los tonos ocres y sangrientos de la pelea. La restauración moderna se esfuerza por preservar este delicado equilibrio sin desnaturalizar la pátina histórica que da a la obra su atmósfera dorada.

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Institución

Musée des Beaux-Arts de Rennes

Ubicación

Rennes, Francia