Barroco1658

La muerte de Cleopatra

Guido Reni

El ojo del conservador

"La reina Cleopatra está sentada en una silla, con su cuerpo de una palidez nacarada contrastando con el áspid en su brazo. Está rodeada de sus sirvientas llorando en una puesta en escena teatral donde la luz esculpe la carne."

Obra maestra absoluta del barroco tardío italiano, este lienzo de Guido Cagnacci trasciende el suicidio histórico de la última reina de Egipto para convertirlo en una meditación melancólica sobre la belleza fugaz.

Análisis
La muerte de Cleopatra de Guido Cagnacci, realizada hacia 1658, se sitúa en la confluencia del naturalismo caravaggista y la elegancia académica de la escuela boloñesa. El contexto histórico nos remite a la caída del Egipto ptolemaico: tras la derrota en Actium contra Octavio, Cleopatra eligió el suicidio en lugar de la humillación del triunfo romano. Cagnacci no pinta la furia política, sino la intimidad de un tránsito. El estilo está marcado por un delicado "sfumato" y una atención obsesiva a las texturas, donde la piel de la reina parece vibrar con un último calor antes de la rigidez cadavérica. La obra se inscribe en una estética barroca donde lo patético se mezcla con lo sublime. Técnicamente, Cagnacci utiliza veladuras de una finura excepcional para representar la translucidez de la epidermis. A diferencia de las representaciones clásicas donde Cleopatra suele estar tumbada, Cagnacci la sienta en un trono moderno, lo que humaniza a la soberana a la vez que la sacraliza. El contexto histórico del propio pintor, huyendo de sus escándalos amorosos en Venecia para refugiarse en la corte del emperador Leopoldo I en Viena, se refleja en esta obra: posee una carga emocional y una libertad de tono que destacan frente a la pintura religiosa de la época. La psicología de Cleopatra aquí es de resignación; sus ojos elevados al cielo no buscan redención, sino el silencio del olvido. El análisis profundo revela una dualidad entre el erotismo del cuerpo desnudo y la moralidad de la finitud. Cleopatra es aquí una figura de transición entre pecadora y santa, una María Magdalena laica cuyo único pecado fue la ambición política. Las sirvientas, dispuestas con una coreografía sabia, encarnan diferentes etapas del duelo: el grito ahogado, el estupor y la tristeza silenciosa. Este contraste entre la pasividad casi marmórea de la reina y la agitación emocional de sus seguidoras crea un equilibrio dramático poderoso. La obra no es solo una pintura de historia; es una puesta en escena teatral donde cada gesto es sopesado para maximizar el impacto psicológico en el espectador. Finalmente, cabe destacar la importancia del color. El contraste entre el verde profundo de la cortina al fondo y la blancura radiante de la reina concentra la atención en el punto de contacto fatal: el áspid. Cagnacci, mediante esta elección cromática, subraya que la muerte no es una sombra invasora, sino una luz que congela la belleza en su apogeo. Esta visión del suicidio como un acto estético último prefigura los grandes temas del decadentismo y el romanticismo europeo. Es una obra donde la técnica de la luz no sirve para revelar el mundo, sino para aislar un instante de gracia absoluta antes de la nada.
El Secreto
Uno de los secretos más fascinantes de esta obra reside en la identidad de las modelos. Es muy probable que Cagnacci utilizara a sus propias amantes para las sirvientas, una práctica que le valió numerosos problemas con las autoridades eclesiásticas. Análisis radiográficos recientes han mostrado que la posición de la cabeza de Cleopatra fue modificada varias veces, mientras el artista buscaba encontrar la inclinación exacta que evocara tanto el éxtasis como la agonía. Persiste un misterio respecto a la pequeña cesta de higos, mencionada por Plutarco como medio para ocultar la serpiente, pero aquí casi invisible en favor del erotismo directo del cuerpo. Otro secreto concierne al destino de la obra. Fue llevada por Cagnacci a Viena como una especie de carta de presentación de su genio, destinada a seducir al Emperador. El cuadro fue considerado durante mucho tiempo demasiado provocativo para los salones públicos, permaneciendo en los gabinetes privados de los Habsburgo. Científicamente, se han descubierto trazas de ultramar natural de muy alta calidad, lo que demuestra que Cagnacci contaba con medios financieros importantes. La finura del áspid, pintado con una precisión casi biológica, sugiere que el artista estudió especímenes reales para reforzar el naturalismo del acto fatal. Los expertos se han preguntado durante mucho tiempo por qué Cleopatra no lleva ninguna corona o atributo real evidente, aparte de la riqueza de las telas. Cagnacci despojó conscientemente a la reina de sus insignias para convertirla en una "Mujer" universal. Es un misterio de la intención: ¿es la obra una crítica al orgullo monárquico o una glorificación de la libertad individual? La tensión entre ambas lecturas sigue siendo uno de los encantos ocultos del lienzo. Además, la sirvienta de la derecha parece mirar directamente al espectador, rompiendo la cuarta pared. Finalmente, un análisis de la preparación muestra una capa inferior oscura que da a la carne ese resplandor interior. Cagnacci utilizaba una técnica secreta de pulido de la superficie pictórica para obtener ese efecto de espejo y suavidad táctil. Este cuidado extremo aplicado a la superficie hace que la obra parezca casi viva bajo una luz rasante, un efecto que el artista calculó para los aposentos imperiales. La muerte de Cleopatra sigue siendo así un misterio de belleza técnica al servicio de un tema funesto.

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Institución

Kunsthistorisches Museum

Ubicación

Vienne, Austria