Barroco1600
La vocación de San Mateo
Caravaggio
El ojo del conservador
"Observe la mano de Cristo: es un eco directo de la de Adán de Miguel Ángel. Caravaggio sitúa al espectador al mismo nivel que los protagonistas en una taberna oscura e intemporal."
Un choque visual donde lo divino irrumpe en la sórdida vida cotidiana. La luz de Caravaggio se convierte aquí en el vehículo de la gracia divina, transformando a un recaudador de impuestos en apóstol.
Análisis
Caravaggio revoluciona la pintura sacra al situar este episodio bíblico no en un entorno antiguo idealizado, sino en la oscuridad de una taberna romana del siglo XVII. El relato sigue el Evangelio según San Mateo, donde Jesús ve a un hombre sentado en la oficina de aduanas y le dice: "Sígueme". El pintor capta el momento preciso de la llamada, el segundo en que la gracia toca a un hombre corriente sumergido en las preocupaciones materiales del mundo.
El uso del claroscuro, o tenebrismo, no es solo estético; es teológico. La luz no proviene de la ventana, que permanece oscura, sino que entra por la derecha, siguiendo el movimiento de la mano de Jesús. Simboliza la luz espiritual que rasga las tinieblas del pecado. Los personajes de la izquierda visten a la moda contemporánea de Caravaggio, reforzando la idea de que Cristo puede aparecer en cualquier momento, en el presente más trivial.
El propio Cristo está casi oculto por la sombra de San Pedro. Solo su rostro, su mano y sus pies están iluminados. Pedro, añadido más tarde al lienzo, representa a la Iglesia mediadora entre lo divino y lo humano. Su presencia recuerda que la llamada de Dios pasa a menudo por una estructura institucional, aunque el gesto de Jesús sea de una inmediatez fulgurante.
La identidad exacta de Mateo sigue siendo objeto de debate entre los expertos. Para la mayoría, se trata del hombre barbudo que se señala a sí mismo, con aire incrédulo. Para otros, Mateo sería el joven inclinado sobre las monedas, el que aún no ha levantado la vista, convirtiendo la obra en el retrato del segundo precedente a la conversión. Esta incertidumbre refuerza la tensión dramática del cuadro.
Finalmente, la obra se inscribe en el contexto de la Contrarreforma. La Iglesia católica buscaba imágenes potentes capaces de conmover el corazón de los fieles y reafirmar la posibilidad de la salvación mediante la fe y las obras. Caravaggio responde perfectamente a esta exigencia haciendo el milagro tangible, físico, casi brutal.
El primer secreto reside en la mano de Cristo. Caravaggio copió casi exactamente el gesto de la mano de Adán en el fresco de la Creación de Miguel Ángel. Pero aquí, es un gesto de "recreación": Cristo es el nuevo Adán que devuelve la vida espiritual. Este guiño al maestro del Renacimiento muestra la inmensa ambición del joven Caravaggio, que quiere competir con los más grandes subvirtiendo al mismo tiempo sus códigos.
Otro secreto fascinante fue revelado por las radiografías: la figura de San Pedro, en primer plano a la derecha, no existía en la primera versión. Caravaggio lo añadió más tarde, probablemente ante la insistencia de sus clientes eclesiásticos. Sin Pedro, el Cristo estaba solo frente a Mateo, un contacto directo y crudo. La adición del apóstol simboliza a la Iglesia interponiéndose entre Dios y el hombre, un requisito teológico estricto de la época de la Contrarreforma.
La ventana que se ve sobre los personajes es un engaño visual. Los cristales son opacos, cubiertos por una especie de pergamino o polvo secular. No deja pasar ninguna luz. Es una elección deliberada para subrayar que la luz que ilumina la escena es una luz metafísica, de origen divino, y no natural. Entra por una fuente invisible situada "detrás" del espectador, incluyéndonos físicamente en el espacio de la taberna.
Los personajes de la izquierda son modelos reales que Caravaggio frecuentaba. El joven elegante con sombrero de pluma se encuentra en varios otros de sus cuadros, como "Los tahúres". Al utilizar los mismos modelos para escenas de género (juego, estafa) y escenas sagradas, Caravaggio rompía la frontera entre lo profano y lo sagrado, lo que provocó inmensos escándalos en su época.
Por último, hay un secreto oculto en las vestimentas. Mientras que el Cristo y Pedro llevan túnicas atemporales, los recaudadores de impuestos llevan costosos jubones de seda. Caravaggio subraya así el contraste entre la pobreza apostólica y la riqueza material pecaminosa. La luz "golpea" el jubón del joven, haciendo brillar la materia para resaltar mejor el apego a los bienes terrenales que va a ser barrido por la llamada divina.
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El gesto de la mano de Cristo, apuntando hacia Mateo, constituye una cita iconográfica deliberada de una obra del Renacimiento. ¿De cuál se trata?
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