Rococó1719
Pierrot
Antoine Watteau
El ojo del conservador
"Observe el ajuste torpe del traje de satén blanco, cuyas mangas cortas y pantalones anchos acentúan la vulnerabilidad y el aislamiento casi místico de la figura central."
La imagen más enigmática de la Commedia dell’arte, donde Pierrot permanece inmóvil, como petrificado entre la risa y la tragedia. Un icono del Rococó que prefigura la melancolía moderna.
Análisis
Pintado hacia 1718-1719, el Pierrot de Watteau, conocido durante mucho tiempo como Gilles, es una obra monumental por su presencia psicológica. A diferencia de las escenas de Fêtes Galantes habituales del artista, este personaje se impone de cuerpo entero, ocupando casi todo el espacio vertical. Watteau se inspira en los tipos de la Commedia dell’arte, una forma de teatro popular italiano que vivía un renacimiento en París tras haber sido prohibida por Luis XIV. Pierrot es el criado ingenuo, el que sufre las burlas de sus compañeros, pero aquí trasciende su papel para convertirse en una figura de dignidad universal y silenciosa.
El contraste es sorprendente entre la figura central y el grupo en segundo plano. Abajo, en un audaz contrapicado, se adivinan los otros personajes de la tropa: el Doctor sobre su asno, Leandro e Isabel. Están animados por un movimiento alegre, casi conspirador, que refuerza la inmovilidad absoluta de Pierrot. Este último no participa en la acción; está expuesto como una víctima o un santo laico. Esta ruptura narrativa coloca al espectador en una posición de incomodidad, forzándolo a enfrentar la mirada directa y a la vez ausente del actor, cuya expresión permanece indescifrable entre el asombro y la resignación.
En el plano técnico, Watteau utiliza una paleta de blancos de una riqueza extraordinaria. El traje no es un color sólido; es un campo de experimentación para reflejos nacarados, sombras grisáceas y toques cremosos de empaste. Esta virtuosidad cromática da a la prenda una dimensión escultural que contrasta con la fragilidad del rostro. El paisaje, dominado por una herma (una estatua de piedra que representa a un sátiro), aporta un toque de salvajismo antiguo y lubricidad que se opone a la pureza aparente del personaje principal, creando un diálogo entre el orden civilizado del teatro y la naturaleza bruta.
Históricamente, esta obra ha sido interpretada como un testamento espiritual o una alegoría del propio artista. Watteau, ya minado por la tuberculosis en el momento de la realización del lienzo, habría proyectado su propia soledad en esta figura de saltimbanqui. El cuadro marca una transición mayor en la historia del arte: se aleja del artificio barroco para tocar una verdad humana cruda. Pierrot se convierte así en el ancestro de todos los excluidos y de los artistas incomprendidos de los siglos siguientes, de Baudelaire a Picasso.
Uno de los mayores secretos del cuadro reside en su destino original. Se creyó durante mucho tiempo que era un letrero para un café regentado por un antiguo actor, Belloni, que interpretaba el papel de Pierrot. Esta hipótesis explica el formato vertical imponente y la vista en contrapicado, diseñada para ser vista desde la calle. Sin embargo, la calidad de la ejecución sugiere que Watteau superó con creces el simple encargo comercial para convertirlo en una obra de devoción estética personal, transformando un anuncio de teatro en un icono de la melancolía humana.
Un descubrimiento sorprendente concierne a la identidad del personaje oculto detrás del asno. Los análisis de rayos X revelan que Watteau modificó varias veces la posición del animal y de los personajes secundarios. El asno mismo, símbolo de la terquedad y la estupidez popular, parece mirarnos con una humanidad inquietante, casi como si compartiera la condición de Pierrot. Algunos historiadores ven en ello una crítica velada a la dirección de la Academia, representando el asno la ceguera de los críticos de la época ante el genio innovador de Watteau.
El secreto de la "mano" de Watteau se esconde en la representación del satén. Para obtener esta textura vibrante, utilizaba mezclas de aceites y resinas muy específicas, aplicando el color con pinceladas cruzadas. El secreto de esa luz que parece emanar del traje mismo proviene de la aplicación de una capa inferior rosa pálido, invisible al ojo humano pero que calienta los blancos fríos por transparencia. Es esta técnica la que da a la figura su aspecto fantasmal y vibrante, un "aura" que los copistas nunca han logrado igualar.
Finalmente, existe un misterio iconográfico alrededor del sátiro al fondo a la derecha. Esta estatua de piedra, cuya sonrisa es irónica, parece burlarse de la impotencia de Pierrot. El secreto reside en que este sátiro está posicionado en la misma línea horizontal que el rostro del héroe, creando un vínculo invisible entre la lujuria eterna y la castidad melancólica del payaso. Esta dualidad sugiere que Pierrot es objeto de un deseo insatisfecho o la víctima de un mundo demasiado brutal para su sensibilidad.
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