Barroco1605
San Jerónimo escribiendo
Caravaggio
El ojo del conservador
"El brazo extendido del santo creando una línea horizontal perfecta, el cráneo como memento mori y el contraste violento entre la piel apergaminada y el drapeado carmesí."
Obra maestra del tenebrismo, esta obra captura la ascesis intelectual del santo traductor de la Vulgata, confrontando la búsqueda de la verdad con la inevitabilidad de la muerte.
Análisis
Pintada hacia 1605 para el cardenal Scipione Borghese, esta tela representa a San Jerónimo, uno de los cuatro Padres de la Iglesia de Occidente, en su esfuerzo monumental por traducir la Biblia al latín. El contexto histórico es el de la Contrarreforma, donde la Iglesia católica busca reafirmar la autoridad de la Vulgata frente a las críticas protestantes. Caravaggio se identifica quizá con esta figura de exilio interior.
La explicación de la historia de San Jerónimo se basa en su retiro al desierto y una vida dedicada al estudio. A diferencia de las representaciones medievales que lo muestran como un cardenal en su estudio, Caravaggio lo retrata como un asceta despojado, cuya única riqueza es el conocimiento. El "mito" del santo erudito se humaniza aquí: no es un teólogo abstracto, sino un anciano cuyo cuerpo sufre el peso de los años.
Técnicamente, el cuadro es un manifiesto del tenebrismo. La luz no proviene de una fuente natural identificable, sino que parece ser una emanación divina o espiritual que esculpe las formas. Las carnes están pintadas con un naturalismo brutal, mostrando arrugas y tendones prominentes. El carmesí del manto cardenalicio contrasta violentamente con los tonos terrosos de la piel, recordando tanto la dignidad eclesiástica como la vulnerabilidad de la carne.
La obra explora finalmente la vanidad de las cosas terrenas. El cráneo sobre el libro abierto no es un simple accesorio; dialoga con la cabeza calva del santo. Caravaggio crea un paralelismo inquietante entre la sede del pensamiento y el vestigio de la muerte. Es una meditación sobre el tiempo: el tiempo de la escritura, de la lectura y de la vida que se escapa, dejando solo el rastro escrito de la verdad.
Uno de los secretos más fascinantes revelados por las radiografías es la ausencia casi total de dibujo preparatorio. Caravaggio "dibujaba" directamente con el pincel, marcando incisiones en la preparación fresca. Se descubrió que inicialmente había previsto una composición más recargada antes de optar por este despojo radical que constituye la fuerza del cuadro.
Un misterio rodea también al modelo utilizado. Parece ser el mismo anciano que posó para el "San Mateo y el Ángel" (versión destruida). Caravaggio elegía a sus modelos entre la gente del pueblo, mendigos o ancianos de las calles romanas, lo que provocaba escándalo pero confería a sus santos una presencia física y una veracidad emocional sin precedentes.
Científicamente, la restauración destacó el uso de pigmentos como el betún, que tiende a oscurecerse con el tiempo. Se han encontrado huellas dactilares en la pintura fresca, lo que sugiere que Caravaggio retocaba a menudo sus lienzos directamente con los dedos para difuminar las transiciones lumínicas, una práctica muy inusual para la época.
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