Romanticismo1823
Saturno devorando a su hijo
Francisco de Goya
El ojo del conservador
"Los ojos desorbitados de Saturno, el cuerpo mutilado y exangüe del hijo, y la oscuridad total de un fondo que devora la escena."
Cúspide de las Pinturas Negras, esta pesadilla pictórica encarna el miedo a la pérdida del poder y el tiempo que consume toda creación.
Análisis
Pintada directamente sobre las paredes de su casa, la Quinta del Sordo, esta obra pertenece al ciclo terminal de Goya, las Pinturas Negras. El contexto histórico es el de una España desgarrada por las guerras napoleónicas y el retorno al absolutismo de Fernando VII. Goya, viejo, sordo y desilusionado por la naturaleza humana, proyectó su desesperación en una visión que trasciende la pintura de historia para convertirse en un grito expresionista.
El mito griego narra cómo Crono (Saturno), al saber que uno de sus hijos le destronaría, decidió devorarlos al nacer. Aquí, Goya rompe con la tradición neoclásica que solía representar este acto con cierta dignidad olímpica. Transforma a Saturno en un monstruo descarnado, un titán en agonía mental cuya gestualidad traiciona una locura irreprimible. La psicología de la obra es aterradora: es la imagen del tiempo devorando a sus propios hijos, del Estado sacrificando a su juventud.
Técnicamente, Goya utiliza una paleta extremadamente reducida: ocres, negros, blancos y un rojo sangre estremecedor. No hay una línea de contorno precisa; las formas emergen de la nada mediante pinceladas anchas e impetuosas. Esta técnica prefigura el expresionismo del siglo XX, privilegiando la emoción bruta sobre la fidelidad anatómica. El cuerpo de Saturno parece desproporcionado, casi aracnoideo, acentuando el horror.
Finalmente, la obra debe entenderse como una reflexión sobre la decadencia física. Saturno no es un dios triunfante, sino un anciano aterrorizado por sus propios actos. Goya explora aquí la zona de sombra de la razón, donde los monstruos nacen del sueño de la conciencia. Es una obra de pura introspección negativa, una catarsis privada que originalmente nunca estuvo destinada a ser vista por el público.
Uno de los secretos más fascinantes revelados por las radiografías es que Saturno fue inicialmente representado con un falo en erección. Este detalle, ocultado durante la restauración de Salvador Martínez Cubells para no chocar con la moral de la época, cambia radicalmente la interpretación, mezclando deseo sexual, pulsión de muerte y paranoia.
Otro misterio reside en la identidad de la víctima. A diferencia del mito donde Saturno devora recién nacidos, el cuerpo aquí es el de un adulto o adolescente, dotado de formas carnosas que sugieren casi un cuerpo femenino. Esta ambigüedad refuerza el malestar y aleja la obra de la simple ilustración mitológica hacia una alegoría más oscura de la posesión y la destrucción.
Científicamente, el traslado de los muros de la Quinta del Sordo al lienzo en 1874 causó pérdidas pigmentarias irremediables. Sabemos hoy que los colores eran más matizados y que el espacio que rodeaba a Saturno poseía detalles decorativos que han desaparecido, aislando aún más al titán en un vacío intersideral.
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