Romanticismo1814

El tres de mayo en Madrid

Francisco de Goya

El ojo del conservador

"El hombre de blanco con pose crística, el pelotón de fusilamiento sin rostro y el farol cúbico que proyecta una luz cruda sobre el drama."

El manifiesto inaugural de la modernidad pictórica, donde Goya transforma una masacre histórica en un icono universal de resistencia y horror ante la guerra.

Análisis
Pintado en 1814, "El tres de mayo de 1808" conmemora las ejecuciones sumarias perpetradas por las tropas napoleónicas en Madrid. El contexto histórico es el de la Guerra de la Independencia española, desencadenada por el levantamiento del Dos de Mayo. Goya no pinta una victoria, sino el sacrificio de ciudadanos anónimos. El estilo rompe con el heroísmo neoclásico; aquí no hay nobleza en la muerte, sino una carnicería industrial. La psicología de la obra opone el terror individual de los condenados —del rezo al desafío— a la indiferencia mecánica del pelotón. La técnica de Goya es revolucionaria. Abandona el acabado académico por pinceladas anchas, impetuosas, casi expresionistas antes de tiempo. La pintura es espesa, los rojos de la sangre están trabajados con una crudeza que chocó a sus contemporáneos. Históricamente, la obra actúa como un exorcismo nacional, una petición de Goya para reafirmar su lealtad a la monarquía restaurada tras haber servido bajo la administración francesa. Es una meditación sobre el fin de la Ilustración, donde la razón ha producido monstruos. El contexto mitológico se desvía aquí hacia una iconografía cristiana secularizada. El personaje central, con su camisa de un blanco cegador, adopta la pose de Cristo en la cruz (los estigmas son visibles en sus palmas). Goya sustituye lo divino por lo humano; el martirio ya no es religioso sino político. Esta "religión de la humanidad" convierte a cada insurgente en un ser sagrado frente a la máquina estatal. La explicación de la historia reside en este giro: el paso de lo sagrado a lo político. Finalmente, el análisis profundo revela una obra de ruptura espacial. El fondo, con la iglesia de San Francisco el Grande sumida en la oscuridad, simboliza la impotencia de las instituciones ante la barbarie. El suelo está sembrado de cadáveres, una visión de la muerte sin esperanza de resurrección. Goya no busca agradar, busca atestiguar la "desolación" humana, creando así el primer gran grito de protesta de la historia del arte occidental.
El Secreto
Análisis recientes de rayos X han revelado que Goya pintó la obra con una rapidez fulgurante, casi sin arrepentimientos, lo que confirma la urgencia emocional del sujeto. Contrariamente a la leyenda, Goya no presenció directamente la masacre, sino que recogió testimonios para construir una escena de "verdad aumentada". Un secreto poco conocido reside en el farol: es el único punto de luz artificial, simbolizando no el conocimiento de las Luces, sino el instrumento de vigilancia y muerte. Un misterio rodea también el encargo del cuadro. Aunque el gobierno provisional financió la obra, el nuevo rey Fernando VII no la apreció mucho, encontrándola demasiado oscura. El cuadro permaneció en los almacenes del Prado durante décadas antes de ser reconocido como obra maestra. Estudios de pigmentos han mostrado el uso de tierras de España mezcladas con lacas rojas de cochinilla, anclando físicamente la obra en el suelo madrileño. Una anécdota científica intrigante se refiere a la mano derecha del hombre de blanco: hay pintada una pequeña cicatriz, evocando un estigma. Es una decisión deliberada de Goya para santificar al campesino. Además, los uniformes de los soldados franceses fueron pintados con precisión documental, permitiendo hoy identificar los cuerpos del ejército imperial presentes esa noche, reforzando el carácter de informe de investigación visual del cuadro.

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¿De qué color es la camisa de la figura central que levanta los brazos ante el pelotón de fusilamiento?

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Institución

Museo del Prado

Ubicación

Madrid, España