Rococó1717

Peregrinación a la isla de Citera

Antoine Watteau

El ojo del conservador

"Una procesión de parejas aristocráticas preparándose para dejar o llegar a la isla de Venus, en un paisaje vaporoso de tintes otoñales."

Manifiesto del estilo Rococó y de la "fête galante", esta obra maestra captura el instante suspendido entre el deseo y el recuerdo, el amor sagrado y la fiesta profana.

Análisis
Pintada en 1717 como pieza de recepción para la Academia Real de Pintura y Escultura, "Peregrinación a la isla de Citera" marca un punto de inflexión mayor en la historia del arte europeo. El contexto histórico es el de la Regencia, un periodo de liberación de las costumbres tras el final austero del reinado de Luis XIV. Watteau inventa aquí la "fête galante", un género que retrata a la aristocracia entregada a placeres campestres en escenarios idílicos. Sin embargo, tras la ligereza aparente, la obra está impregnada de una profundidad melancólica, reflejando el fin de una época y la fugacidad del placer. El contexto mitológico se basa en la isla de Citera, lugar de nacimiento de Venus en la Antigüedad y símbolo del amor eterno. Sin embargo, Watteau no trata el mito de manera literal. Utiliza Citera como una metáfora de la utopía amorosa. Los peregrinos no son héroes griegos, sino nobles contemporáneos cuyas ropas de seda y bastones de peregrino evocan un teatro de la vida. La ambigüedad permanece: ¿las parejas parten hacia la isla o se preparan para dejarla? Esta incertidumbre refuerza la dimensión psicológica del cuadro, donde el pesar parece imponerse a la esperanza de la partida. La técnica de Watteau se caracteriza por un toque vibrante y ligero, heredero de Rubens y de la escuela veneciana. Prioriza el colorido sobre el dibujo, utilizando veladuras para crear una atmósfera brumosa y onírica. Las figuras, de pequeño tamaño, están pintadas con una precisión que sugiere el movimiento y la expresión sin congelar los rasgos. El uso de colores tornasolados —rosas, azules azur y ocres— contrasta con los verdes oscuros de la vegetación, creando un efecto de claroscuro atmosférico. Esta maestría de la luz contribuye a la sensación de irrealidad que emana del paisaje. Psicológicamente, la obra explora la complejidad de los sentimientos humanos. Watteau retrata las diferentes etapas de la seducción y del abandono. A la derecha, el hombre apremia a la mujer con ardor, mientras que en el centro, la pareja se levanta para unirse al navío, con la mujer lanzando una mirada nostálgica hacia atrás. Esta torsión de los cuerpos expresa el desgarro entre el deseo de permanecer en el jardín del Edén y la obligación de volver a la realidad. La obra no es una apología del placer, sino una reflexión sobre su brevedad, una "vanitas" moderna donde la belleza de los paisajes subraya la soledad interior de los personajes.
El Secreto
Uno de los secretos más debatidos por los historiadores del arte concierne al sentido mismo del viaje. Durante décadas, se creyó que los peregrinos llegaban a la isla. Sin embargo, el análisis de las actitudes y la presencia de la estatua de Venus ya cubierta de flores sugieren fuertemente que la estancia llega a su fin y que las parejas se preparan para embarcar de regreso a tierra firme. Esta interpretación cambia radicalmente la lectura emocional del cuadro, transformando la excitación de la partida en la tristeza del retorno. Los análisis científicos recientes por radiografía han revelado que Watteau reutilizó un lienzo en el que había comenzado otra composición. Más intrigante aún, el artista modificó el número de personajes y la estructura del navío en varias ocasiones durante la ejecución. También se ha descubierto que los pigmentos utilizados para los cielos son extremadamente frágiles; la obra original debía presentar azules mucho más vivos, reforzando el contraste con el primer plano. Estas alteraciones químicas han acentuado, a pesar del artista, el aspecto crepuscular y melancólico de la escena. Finalmente, el título original bajo el cual la obra fue registrada en la Academia era "Une fête galante", antes de ser tachado y reemplazado por "Le pèlerinage à l'isle de Cithere". Este cambio administrativo testimonia el embarazo de las autoridades artísticas ante un género tan nuevo que no encajaba en ninguna categoría preexistente. Watteau, de un temperamento solitario y enfermizo, proyectó en esta obra su propia fragilidad, haciendo de este paisaje un espacio mental donde el tiempo se detiene, pero donde la muerte (simbolizada por los tintes otoñales de los árboles) ya acecha.

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Institución

Musée du Louvre

Ubicación

Paris, Francia